23.11.08

Capitulo 4.

- ¿Crees que se haya ido por aquí?- aventuré apenas recuperé el habla.
- ¡Por supuesto!- gritó Helena exasperada, pero con un destello de ilusión demencial en los ojos.
- ¿Qué hacemos?- dije arqueando las cejas. Una ráfaga de viento proveniente del túnel me provocó escalofríos. Helena ni siquiera escuchó mi pregunta que era más bien retórica; ya estaba dentro del túnel.
- ¡Elizabeth! ¿Qué esperas?- susurró con atizándome. Puse los ojos en blanco y tomé la mano que me ofrecía. Un ligero impulso habría sido más que suficiente, pero Helena siempre exagerando, me tironeó y yo choqué en seco contra una de las estrechas paredes de ese extraño corredor de piedra. Por unos segundos todo el túnel tembló y ligeros trozos del raído techo se desprendieron llenando nuestros pulmones de polvo. La ráfaga de frío viento nos revolvió los cabellos con furia. Ahora, ambas temblábamos.
- ¿Estamos seguras de esto?- pregunté, simulando sarcasmo.
- No seas cobarde- susurró Helena, simulando un valor que no convenció a nadie.
Aún así, tiritando de pies a cabeza nos adentramos por el corredor. Era lejos, el pasillo más oscuro que había atravesado en mi vida, tanto, que apenas lograba ver mis propios pasos. Por suerte aún teníamos la luz del departamento de artes a nuestras espaldas, pero el corredor no parecía tener fin; no sabía por cuánto tiempo más podríamos contar con la seguridad de esa luz.
Helena palmeaba las paredes en busca de algún indicio, o tal vez, de algún apoyo. Nos miramos dudando. Una cosa era nuestra inmensa curiosidad y expectación, y otra muy distinta entrar en un túnel oscuro que se derrumbaría al menor movimiento, sorteando el frío de una ráfaga que nadie sabía de dónde provenía, en busca de un chalado profesor que muy seguramente ni siquiera había entrado ahí en su vida.

-Helena… tal vez deberíamos…- susurré dispuesta a comenzar a plantear el lado racional del asunto, pensando en sugerir un par de alternativas, como volver más tarde con chaquetas y linternas; pero una nueva ráfaga de viento, más violenta que las otras, cruzó el túnel trayendo consigo un ronco gruñido desgarrado.
No supe precisar que era. No se parecía a nada que hubiera oído antes. Bien podría ser el sonido de un animal encarcelado, rugiendo, clamando libertad; sólo que me pareció percibir un ligero matiz humano en aquella “voz”, como el grito destrozado de un hombre. Helena se había quedado inmóvil a mi lado, observando la oscuridad. Me pregunté que pasaba por su cabeza; ya que la mía se había congelado.


- Creo que debemos volver- me dijo aún ensimismada. Yo sólo la seguí. El extraño sonido me heló la sangre; y no estaba preparada para saber qué - o más terriblemente “quién”- lo había proferido. Esa sí que era demasiada información.

Después de devolver el cuadro a su lugar -habría jurado que la mancha de sangre en la mujer había vuelto, pero no le presté atención- corrimos sin parar hasta el lugar más seguro dentro de ese maldito internado, el único lo suficientemente viejo y destruido como para que alguien más lo recordara: la vieja habitación oculta en el segundo piso del teatro.
Era el sitio ideal, no solo por la seguridad, ya que no conectaba con ninguna habitación, ni sala de clases, y se mantenía fuera de los recorridos habituales de las monjas, también nos concedía un silencio y luminosidad insospechados dentro de los confines del centro de reclusión.
Helena lo había descubierto en su primera inspección dentro del internado; era algo así como su guarida secreta; por lo que fue una total sorpresa para mí cuando me permitió acompañarla poco después del incidente del laboratorio. Algo así como una muestra de confianza que terminó por destruir en su totalidad la barrera que yo había interpuesto entre las dos.
Ahora, el sitio nos pertenecía a ambas, por lo que no necesitamos pensarlo dos veces antes de dirigirnos ahí. Además, poco a poco habíamos terminado vaciando nuestras habitaciones y cambiando nuestros limpios baúles por el viejo y maloliente ropero que alguna vez cobijó los disfraces de la compañía del colegio.

-Elizabeth, ¿Qué crees que haya sido ese sonido?- me preguntó mi amiga, una vez que descansábamos sentadas en el polvoriento suelo de madera.
- No tengo la menor idea – articulé sin emitir sonido. El recuerdo del aullido aún helaba mi sangre y el pensamiento de que, aún remotamente, pudiera ser un grito humano me provocó convulsiones.
- ¿También lo piensas, no…? - me dijo con voz ida- Ya sabes, que no haya sido el gruñido de un animal…- volví a temblar bruscamente. Esperaba que lo interpretara como un sí.
- No quiero pensar en eso…- dije después de un silencio.
- ¿Qué rayos se le estará pasando por la cabeza a ese maniático?-soltó ella.
- No sabemos si es él…
- Vas a empezar de nuevo…
- No lo defiendo… Es solo, que me cuesta asociar las ideas… Además no sabemos a dónde conducía ese túnel… podría haber llevado a otra parte… una especie de bosque, por ejemplo…
- ¿Un bosque en medio de la ciudad? - inquirió.
- OK… OK… Alo mejor no a un bosque… pero…
-.Creo que deberíamos entrar. Esta noche. Solo para salir de dudas – no era una sugerencia, más bien parecía una orden. Podría haberme opuesto, pero la curiosidad también me estaba matando.
- …OK…-solté con la mirada perdida, y la cabeza llena de dudas.




N/A: Este captulo continuara... cuando sepa cómo... (xD!!)

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