1.12.08

Capitulo 9.

Y así, con la misma rapidez con que comenzamos, nuestros entrenamientos se prolongaron dos meses más.

No fue fácil; sobretodo para mí. Mr. B se mostró comprensivo ante mi debilidad; pero no disminuyo un centímetro su muro de exigencia; lo que volvió todo peor.

No hacíamos más que correr durante todo el día, y dormíamos cuatro horas por noche cuando mucho. El entrenamiento estaba en su fase intensiva, y además de mantener la fachada de alumnas promedio en el internado, - para no levantar sospechas - nos dedicábamos al estudio exhaustivo de cuanta cosa sobre natural encontrábamos.

Jamás pensé que sobreviviría a todo eso. Estaba totalmente colapsada. Eso de las artes no era precisamente fácil para mí, y aunque me esforzaba hasta el punto del dolor, los resultados no eran muchos. Por suerte Helena estaba a mi lado en todo momento; o al menos cuando Gabriel no andaba cerca.
Me sorprendía el ánimo que mi amiga podía llegar a tener a veces. Era como si estuviera viviendo su sueño, o algo así. Era perfectamente feliz con toda esta locura.

Yo no me quejaba. Me resultaba extraño pensar en que podía confiar mi vida a otras personas; mi rota familia solo me había enseñado la desconfianza, el temor, y a esconder los sentimientos y cualquier otra debilidad bajo una máscara de orgullo; pero ahora todo era diferente.

Helena, Gabriel y Mr. B eran ahora mi familia - una bastante peculiar; por decirlo menos – y yo confiaba planamente en cada uno de ellos… Ahora bien, la pregunta que me inquietaba era si ellos confiarían plenamente en mí.

Al principio de nuestro entrenamiento, Mr B se mostraba satisfecho con los resultados, y remediaba nuestros errores con paciencia y entusiasmo; sin embargo después de un tiempo comencé a percibir un ligero brillo fanático en sus ojos; como si su fe natural y espontánea hubiera sido corrompida por la seguridad del éxito.

Intenté mencionarle algo de mis preocupaciones a Helena; pero ella también tenía esa insana seguridad marcada en el rostro, cosa que se hacía más visible conforme avanzaba en el entrenamiento.
Poco a poco nuestro lazo irrompible de confianza mutua se desvanecía, y en cambio, el suyo propio aumentaba hasta llegar a la altanería.

Decidí guardarme mis inquietudes y dedicarme a trabajar; después de todo, seguramente mi imaginación volaba lejos en la atmósfera… otra vez. Pero no era la única preocupada. Gabriel tenía el mismo semblante solitario que yo, y por su mirada triste, supe que las cosas con mi amiga no eran tan dulces como meses atrás.

Una cruda tensión se había formado entre nosotros, acrecentándose cada día más, hasta que llegó a su límite natural, el punto en dónde todo simplemente revienta, una de las tardes en que practicábamos en la habitación del teatro; la misma en que la exigencia de Mr. B terminó por elevarse sobre mis fuerzas humanas.

Él aseguraba que si yo pusiera un poco más de esfuerzo lograría penetrar en su mente como él lo hacía en la mía; pero yo ya estaba descargando todas mis energías en mantenerme firme, y poco a poco comencé a sentir como mi fuerza vital estaba siendo absorbida.

Helena me gritaba con un humor de perros, como si yo estuviera dedicándome a jugar en lugar de concentrarme. Eso me hizo sentir fatal.
Me tambaleé. Ya no podía mantenerme en pie, pero aún así, Mr. B y Helena seguían gritando, y exigiendo más y más de mí. Ya no podía resistirlo; y no me ayudaba que las imágenes más crudas de mi infancia aparecieran ante mí cada vez que el profesor entraba en mi mente.
Era una completa tortura resistirse al ataque. Yo sudaba por todos los poros de piel y el líquido fluía dolorosamente fuera de mi cuerpo, como si fuera mi sangre la que se derramaba.

- ¡Por favor Elizabeth! ¡Puedes hacerlo mucho mejor que esto!
- ¡Vamos! ¡Solo un poco más! ¡¿Qué tan difícil puede ser?!

Sentía como si mi amiga y el profesor estuvieran lanzando las delgadas fibras transparente que me apresaban en sueños, capturándome, sin que yo pudiera evitarlo. La oscuridad caería en cualquier momento, la misma imagen se había repetido demasiadas veces como para no recordar el instante preciso en que ocurriría. Iba a desfallecerme; pero no estaba segura de poder despertar después, como siempre. Solo era cuestión de segundos.

- ¡Ya basta! – gritó una voz potente y entonada. El dolor cedió y yo caí definitivamente al suelo. Mis extremidades convulsionaron y el sudor se congeló, cubriéndome con una ola fría.
- ¡¿Se puede saber que haces?! ¡Ya casi lo tenía! – gritó a su vez Mr. B
- ¡¿Qué te sucede?! – gritó también Helena.

Apenas me daba cuenta de lo que sucedía a mi alrededor, pero pude ver como Gabriel se interponía entre el ataque de Mr. B y yo, y como Helena se acercaba a él, gesticulando exageradamente con las manos.
Los gritos no se interrumpieron en ningún momento, subiendo de volumen de vez en cuando. Yo ya no tenía intenciones de escuchar. Solo sabía que cada célula de mi cuerpo dolía, tal y como lo había soñado, al mismo tiempo en que me espantaba con la idea de que hubiera sido precisamente él, mi maestro, quien hubiera vuelto mi pesadilla una realidad.

Tal vez entré en coma; no lo sé. Lo más probable es que solo haya perdido la sensibilidad, demasiado perdida en la frontera de lo real y lo irreal como para notar en que momento se callaron, o cuándo Gabriel me tomó con delicadeza y me sacó de la habitación.

Lo cierto es que desperté en un lugar completamente diferente.

- Hola – me saludó el vampiro - ¿Cómo estás?
- Bastante mejor – dije bostezando. No era mentira. Mi mente parecía haber vuelto a su lugar, protegida de todo lo malo de mi vida, todo lo que Mr. B había sacado a al luz.
- Me alegro- Su piel se veía más pálida de lo común, y unas ojeras azules surcaban su rostro perfecto. Me extrañó que, a pesar de su notable preocupación, pudiera sonreírme.
- ¿Dónde estamos? – me pregunté después de estirarme entre las cálidas sabanas que me cubrían.
- En un hotel. Lo siento, pero tuve que sacarte de ahí rápido; y también asegurarme que no pudieran… ya sabes, encontrarnos.
- No te preocupes. – sonreí. Una punzada de dolor cruzó mi estomago. Mis ojos enrojecieron.- Lo siento…- le dije enjuagándome una lágrima.
- Hey… No tienes por qué disculparte… No fuiste tú quien enloqueció de repente… - se sentó a mi lado y apartó otra lágrima acariciando mi mejilla.
- Gracias, Dientes… No sé que hubiera hecho sin ti…
- Convertirte en un zombi mutante, obvio – rió solo para alegrarme un poco. Por suerte funcionó.
- Y bueno… ¿Qué…? – mi voz tembló - ¿Qué…? ¿Qué haremos ahora?
- No lo sé… Pero tal vez se nos ocurra algo mientras tú tomas desayuno.- me besó la frente y salió de la habitación dejando que la incertidumbre me carcomiera.





N/A: siento la demora ween xs

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