Apenas y pude respirar de nuevo cuando me asomé por detrás del mesón. Los tres hombres, todos vestidos de negro, estaban justo frente a mí, dándome la espalda. Uno de ellos forcejeaba fuertemente, intentando sujetar a Helena entre sus brazos.
Gabriel, inmóvil como una verdadera estatua de mármol, había abierto su boca de la forma más cruda y amenazante que jamás vi en él; parecía preparado para atacar de frente a los hombres, y si fuera preciso, clavar de lleno sus colmillos en alguno de ellos.
Me miró solo un segundo; pero fue más que suficiente para saber que su plan A, su famoso plan perfecto, había fallado, y que yo no debía moverme, al menos hasta que se le ocurriera algo.
Lo que él no sabía es que mis inseguridades terminaron por dar fruto alguna vez, y que me había preparado para este tipo de situación. Pondría en marcha el plan B en cuanto tuviera la oportunidad.
- ¡Quédate… quieta…! – gritaba el hombre mientras mi amiga luchaba con todas sus fuerzas contra él.
Luego aulló y calló en seco al suelo, chillando de dolor. Al parecer Helena le había aplicado alguno de los ataques aprendidos en el entrenamiento, y ahora adoptaba una posición defensiva, lista para embestir a los otros dos. Uno de ellos sostenía un arma, la misma con la que antes le había apuntado y amenazado a Gabriel; pero la sangre fría con que contaba hacía cinco minutos se vio claramente disminuida por la sorpresa, así que el vampiro aprovechó la oportunidad y lo derribó, haciendo que la pistola volara por los aires. El tercer sujeto no pudo hacer nada más que gritar. Lamentablemente para nosotros, eso fue más que suficiente, ya que de un segundo a otro un montón de hombres armados entraron a la habitación derrumbando la puerta enrejada.
- No puedo detenerlos a todos- rugió Gabriel.
Helena esta débil, y aunque mantenía su posición de defensa, yo sabía que no resistiría mucho. Los hombres entraron y se prepararon para disparar. Justo antes que apretaran el gatillo, el vampiro me gritó, aún cuidando no revelar mi posición.
- ¡¿Qué esperas?! ¡Lévatela de aquí!
Supuse que los hombres pensarían que se dirigía a Helena y ese extraño objeto que ellos buscaban, pero no me detuve para comprobarlo. Tomé a mi amiga con la misma seguridad con que lo había hecho tiempo atrás, la primera vez que estuvimos en esa habitación, y corrí con todas mis fuerzas hacia el agujero en la pared, el mismo por donde había entrado momentos antes.
Una vez seguras, lo más lejos del internado que se me ocurrió, nos detuvimos a respirar.
- Elizabeth, debemos volver – susurró Helena, cuando pudo hablar. Estaba muy pálida, y bajo la débil luz de la calle pude ver el frío sudor brillar en su rostro. Me miró con ojos oscuros, surcados por la preocupación, sin rastro ya del fulgor que la poseía la última vez que nos vimos.
- No podemos volver – dije simplemente, también en susurros.
- ¡Elizabeth, no podemos abandonarlos! – gritó.
- No, no podemos – sonreí. Mi voz no parecía mía. Hablaba demasiado tranquila, relajada. La verdad es que me estaba muriendo de miedo.
- ¿En qué estás pensando? – me tomó los hombros y me sacudió.- Elizabeth, Gabriel se esta enfrentando solo a todos esos tipos y no les importara que sea un vampiro, encontraran la forma y lo mataran. – Parecía querer hacerme razonar. Yo no salía de mi tranquilidad.- Además tienen prisionera a Mr. B… y no quiero imaginar lo que le estén hacimundo endo…
- Espera, espera… - ¿Es que me había perdido de algo? - ¿Tienen a Mr. B? ¡¿Para que lo quieren?!
- No lo quieren a él, quieren la Vacuna - Helena parecía creer que yo había entrado en razón; ahora casi podía oír la parte de su cerebro que tramaba como volver a entrar al internado.
- ¡Pero él no la tiene! – grite perdiendo mi momentánea calma.
- ¡Por supuesto que no! – Helena ya estaba ida, totalmente concentrada en su plan - Pero ellos no lo saben… - añadió con la mirada perdida, frotándose el mentón con una mano.
- Eso significa que Gabriel se equivocó… - recordé de repente.
- ¿Ah? – Helena salió de su mundo y me miró, exigiendo una respuesta.
- Gabriel pensó que Mr. B y tu habían perdido la cabeza… Por eso huimos… El plan de hoy era hacerlos volver. Sabía que algo saldría mal, pero nunca tanto… ¡Maldita sea!... El plan B es más necesario de lo que pensé… – yo ya no le hablaba a ella, desvariaba para mí.
- ¿Qué? ¿Perder la cabeza? ¿volver? ¿Plan B? – Helena no entendía ni una palabra de mis disparates.
- No hay tiempo para explicaciones. ¡Vamos!- tomé su mano y comencé a correr otra vez.
- ¡Elizabeth! ¡¿a dónde vamos?! – gritó mientras yo la arrastraba
- A buscar un teléfono – grité yo sin dejar de correr.
4.12.08
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