14.1.09

Capitulo 12.

- Ya debería haber llegado – dijo Helena por cuarta vez en menos de cinco minutos.
- No te preocupes…- dije yo también por cuarta vez.- Vendrá.
- ¿Cómo lo sabes?
- … Digamos que… Conozco a los de su clase…- Y vaya que si los conocía. Mi amiga no parecía convencida en lo absoluto. Se paseaba de un lado para otro en esa vieja y olvidad estación del metro. Era la ultima de la línea, por lo que no mucha gente paseaba por ahí, mucho menos a esas horas de la noche. Yo esperaba con calma, sentada junto a la pared de piedra, observando como los trenes iban y venían. Mi amiga ya comenzaba a marearme.

- Helena, escucha.- Le golpee suavemente las piernas para que se sentara a mi lado; tomé aire y pronuncié cada palabra para que quedaran grabadas en su mente, como si le estuviera explicando una lección a una niña pequeña.- La situación en que estamos me ha hecho recordar muchas cosas que pensé que había olvidado por completo… cosas que aprendí en el tiempo en que mi padre me dejó…
- Elizabeth…- me miró preocupada, yo jamás había mencionado a mi familia y ella sabía que no era un tema fácil.
- No importa.- sonreí, mientras la puntada en el estómago tomaba su habitual lugar.- Lo importante, lo que te quería decir, es que existe gente en este mundo en la que tu no puedes confiar…Pero debes hacerlo. Es gente a la que no le importará quien eres tú, o la lucha que persigues, o siquiera si persigues algo: y no lo pensaran dos veces antes de cambiar tu cabeza por la suya si es necesario… Ellos solo están donde se encuentre el mejor postor. Lo que debemos hacer es asegurarnos de serlo.
- ¿Y eso debería tranquilizarme?
- Espero que sí. Una vez que los tienes de tu lado, son la mejor arma que puedes encontrar. Además de ser la…
- …única que tenemos a mano, si ya lo sé…- completó mi pensamiento con un suspiro.

Fuera de nosotras, solo había una persona en el andén. Era una chica no mayor que yo, con el cabello inmensamente largo y negro. Escuchó mis palabras con más atención de la que me hubiera gustado, cosa que me dio mala espina.

- Hace calor, ¿no? – dije dirigiéndome a ella. Era un comentario absurdo, pero daba pie para iniciar una conversación, y quizás descubrir sus intenciones. Ella me miró y bufó.
- ¿Eres Elizabeth? – preguntó con voz ronca. Tenía un cierto aire a experiencia; como si hubiera vivido mucho más de lo que pudiera llegar a soñar.
- Lo soy.- afirme casi intentando convencerme a mi misma. - ¿Selene, supongo?
- Algunos me llaman así… - sonrió con satisfacción, acercándose y tendiéndome una mano con largas y perfectas uñas teñidas de escarlata. La estreché con un ligero escalofrío.
- Ella es mi compañera, Helena. – dije presentándolas.
- La chica que pensaba que no llegaría, ¿no?- sonrió Selene tendiéndole una mano también.
- Lo siento- susurró Helena, bastante más tranquila.
- Bien, ya que todas somos amigas, díganme ¿Cuál es la emergencia? - la nueva chica curvo una ceja y sonrió de forma tan macabra, que casi pensé que sacaría a lucir un par de colmillos como Gabriel.




Después de contar la historia completa, sin omitir ni el más mínimo detalle, por idiota que nos pareciera a Helena y a mí, nuestra nueva compañera decidió que pondría en ejecución una de sus múltiples estrategias diseñadas especialmente para casos como el nuestro, por lo que nos dirigimos a la oficina central del STM.

Por horas caminamos en silencio, siguiendo a Selene por intrincados pasadizos y callejones ausentes de luz. Helena se quejaba más o menos cada media hora, pero nadie le hacía caso. Yo estaba en estado de alerta. Sabía que algo nos caería encima en cualquier momento, mi pregunta era qué o cuándo. En todo caso la nueva chica no parecía para nada alterada, lo que de cierta manera me tranquilizó.

El último de los callejones que atravesamos terminaba en una inmensa pared de ladrillos rotos. Al parecer no había salida posible, pero pensé que Selene nos haría sortear el obstáculo abriendo la pared, o algo así, como ya lo había hecho con los demás; en cambio, simplemente se detuvo ante ella y la golpeó lentamente tres veces, como si fuera una puerta.

- ¿Ya llegamos? – preguntó Helena, si mal no recuerdo, por sexta vez.
- No, pero si yo fuera tu me apartaría de ahí – contestó la chica todavía con la vista pegada en la pared.
- ¿Por q…?
- Solo hazlo, Helena.- me apresuré a susurrar cuando sentí un ligero temblor. Mi amiga dio un salto justo a tiempo para esquivar la zanja que se formó justo entre sus pies.
- ¿Qué es esto? – preguntó respirando agitada.
- Eso, pequeñas, es la entrada subterránea al cuartel general del STM. – dijo con una sonrisa orgullosa, a la vez que señalaba la pequeña escalera de piedra que se adentraba en la tierra.

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