26.1.09

Capitulo 13.

Llevábamos más o menos media hora bajando escalones, y estos se volvían más empinados en cada tramo, por lo que nos resultaba difícil seguir el paso de nuestra guía. Selene bajaba dos, tres, e incluso más escalones en cada zancada, con una maestría impecable, pero aún cuando nos apuraba con resoplidos de impaciencia, de todas formas se mostró comprensiva.

- ¿Elizabeth…? – preguntó Helena solo para mí, aprovechando que nuestra nueva compañera se había alejado más o menos un piso.
- ¿Mmm? – yo no prestaba mucha atención a nada, pero hice un esfuerzo por concentrarme.
- ¿Qué se supone que significa STM? – esa pregunta me pilló de sorpresa. No me había dado cuenta de que no lo sabía.
- Es el nombre de la organización – susurré con lógica
- Obvio – Aún en la oscuridad pude ver a mi amiga poner los ojos en blanco. – Me pregunto que significa…
- No lo se Helena.
- Silencio – ordenó Selene. Mi compañera y yo intercambiamos una mirada de temor. – Ya estamos cerca.
- Al fin… - resopló Helena.

Descendimos un par de pisos más, apenas iluminados por pequeñas antorchas colgadas en las paredes, y finalmente nos encontramos con un largo pasillo lleno de puertas.

- Síganme – susurró la guía – Cuidado, no les ocurra tocar absolutamente nad…

Demasiado tarde para la advertencia. Al bajar el último escalón tropecé con Helena, perdí el equilibrio y caí golpeándome de lleno con la pared. Algo se movió a mis espaldas, uno de los ladrillos de piedra, supongo.

- ¡¡¡Al suelo!!! – ordenó Selene justo a tiempo para evitar que la lluvia de flechas proveniente del fondo del pasillo nos alcanzaran.

Con una maniobra digna de una película de ciencia ficción, nuestra guía logró en menos de medio segundo, escabullirse entre las flechas y golpear el ladrillo que yo había presionado por error, rompiendo en seco con la trampa.

El silencio volvió a invadirnos. Mi amiga me ayudo a ponerme de pie, aunque a duras penas; le temblaba el labio inferior.
Se que Selene me miró con reproche, pero no le devolví la mirada. No me atreví. Ella suspiró con desagrado y comenzó a caminar con paso firme.

- Será mejor apurarnos – me susurró Helena. Yo asentí y corrimos a alcanzarla.

No tardamos en llegar al final del pasillo. Había una puerta enorme de madera, con grilletes forjados. Por un segundo pensé en que Selene la abriría mágicamente, pero ella ni siquiera le prestó atención; en cambio se detuvo frente a la pared derecha, y tocó con la punta del zapato el último de los ladrillos de piedra. Nuevamente un el piso se abrió ante nuestros pies, pero esta vez, no que una anciana escalera la que se desplegó, al contrario, un moderno ascensor de cristal emergió cubriendo de humo el ambiente. Selene introdujo la clave tan rápido que apenas la vi mover sus dedos, y las puertas se abrieron con un sordo sonido metálico.

- Adelante – nos ofreció mostrándose cortés por primera vez.
- Gracias – susurramos entrando.

El elevador no volvió a hundirse en medio del pasillo; antes de eso, dio una especie de vuelta de distracción, primero hacia la parte superior, un piso, quizás dos, luego avanzando en línea recta por varios metros, hasta habernos alejado casi por completo de la entrada; derecha, izquierda, izquierda, derecha; zigzagueamos más o menos diez minutos; finalmente, recién cuando pudimos decir con certeza que seguramente ya no estábamos entre los limites de la cuidad, el elevador descendió un par de pisos, y se detuvo.

Las puertas volvieron a abrirse con el mismo sonido metálico y volvieron a inundarlo todo con el mismo humo nublándonos la vista.

- Te esperábamos hace horas – dijo la voz de un hombre acercándose.
- Yo también esperaba llegar hace horas – respondió Selene. – ¿Como va todo?
- Mmm… Trabajando.
- No me gusta esa respuesta.- sonrió nuestra guía.
- Es la única que puedo darte. – sonrió de vuelta el hombre.

Helena y yo intentábamos mirar a ambos y a la vez recorrer el lugar. De repente, todo encajaba. Tanto Selene, como su compañero, parecían pertenecer a esa habitación, casi ser parte de la decoración. Todo era tan misterioso como ellos.

- ¿Son ellas? – Yo escuchaba la conversación a medias, tenía la vista fija en los tipos más cercanos a nosotros que abrían cajas y cajas de madera, y vaciaban su contenido – granadas sospeché - sobre un barril gigante.
- Por supuesto…
- ¿Qué opinas de… su situación…? – Esto llamo mi atención. Volví a fijarme en Selene y su acompañante.
- Pan comido. – Ella parecía totalmente positiva, él en cambio tenía la incertidumbre marcada entre ceja y ceja.
- ¿Segura?
- ¿Cuándo he fallado en algo?
- No vaya a ser esta la primera vez…
- ¿Desde cuándo tan sobre protector? – Selene tampoco entendía ni pizca de lo que se refería su compañero. El se le acercó, para secretearle algo, pero yo estaba lo suficientemente cerca, como para escucharlo igual.
- Tal vez esta misión tenga más de una sorpresa… Escondida – Selene lo miró un segundo, dudando, y luego a mí. Instintivamente retrocedí varios pasos y alargue mis manos esperando encontrarme con las de Helena. Pero no estaba.
- ¿Helena? – pregunté automáticamente y comencé a buscarla con la mirada
- ¿No estaba contigo? – rugió Selene.
- Recién si, pero no se a dónde se fue…
- Hey Selene ¿Esto es tuyo? – gritó uno de los tipos que descargaban las granadas.
- ¡Helena! – grité yo, al ver a mi amiga en medio de un tumulto con la cara pálida. Por lo que alcance a comprender a mi amiga la superó la curiosidad y no pudo evitar tocar algo de la valiosa mercancía de los sujetos. Obviamente a ellos no les gusto nada.
- Yo me hago cargo, gracias – susurró Selene frotándose la frente con una mano.
- Creo que deberíamos ir al salón. – sugirió el compañero de Selene.
- Si tal vez sea lo mejor. – Dijo dirigiéndose hacia la escalera del fondo. Nuestra guía parecía no entender como había terminado cuidando un par de bebes. - ¿Qué están esperando ustedes? Síganme.
- Nada – respondimos al mismo tiempo nosotras.
- Rápido. – nos apuró – Creo que me deben más de una explicación. – No entendí a qué se refería, pero sospeché que tampoco lo sabía ella, así que al menos aún tenía una cierta ventaja.
- Siempre que sirva de algo contra ellos – susurró helena leyéndome el pensamiento.

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